28/5/18

Naturaleza muerta

                El espacio es chico y puede dominarse desde la perspectiva del sillón. Ese rincón es un hábito, la rutina de la mirada exterior que mira con desapego el interior del ambiente: una mesa ratona cubierta de objetos, una puerta al fondo, una ventana iluminada por la luz de un cielo intuido encima de la medianera.
                Cae la tarde y con ella baja la luz y las llaves sobre la mesa pierden brillo y ya no son para salir sino que son la herramienta que se usó para cerrar, en un vago recuerdo que sugiere su posición despatarrada sobre el vidrio. La taza de café tiene una mancha en el fondo y ya la sensación del olor y el humo es lejana en su frío de cerámica. La botella de vino ganada en una apuesta no invita a tomar, se apoya definitivamente en la mesa, en el azar provisorio al que invitan las cosas planas. El perro bajo la mesa respira pausado y se deja pasar el tiempo sin ganas de nada, casi olvidando el entusiasmo de mover la cola, infinitamente distante de la posibilidad de morder la bufanda que cae pinchada al costado de la mesa, la mano que asoma del sillón.
                Antes de oscurecer, con la última luz, hay una nitidez tan magra que no ofrece nada más que la disposición de las cosas, sin siquiera un asomo de sugerencia de nada, un momento único y tranquilo, el verdadero control desde el sillón, hasta que oscurece.

                

28/4/18

El velorio de las cosas

                   Las cosas inofensivas del pasado se atrincheran en la baulera. El territorio tomado, del mapa mental borrado, parece por la mudanza amenazado.  La puerta hace tanto tiempo cerrada hubiera parecido más pesada. Adentro: montones de trastos apilados en un monumento a un pasado ajeno. La pintura de las paredes se suelta en jirones blancos, como si le hubieran pasado un rallador. La vieja lámpara insinúa su desnudez infame bajo el perverso abrigo. Los cables de cobre enrollados están de polvo frotados. Las cajas de cartón custodian el olvido de su interior. La mesa ratona se aferra bajo el desorden que la aplasta. Las pelusas envuelven en su trampa de tiempo las telarañas desocupadas.

                Un cuadrado vacío de polvo, de feliz geometría, angustia la perfecta posición asentada del resto de las cosas, sacude la alegría muerta tan controlada: una caja ausente.

6/4/18

Sensación - Rimbaud - Traducción



Recorreré los caminos
en los atardeceres azules de verano
acariciado por el trigo, pisando un poco el pasto:
Sentiré, soñador, su fresco bajo mis pies. 
Dejaré que la brisa me roce la cabeza rala.

No hablaré ni pensaré en nada:
Pero en mi alma ascenderá el amor infinito,
Me iré lejos, bien lejos, igual que un vagabundo, 
en la Naturaleza, 
feliz, como recién casado.



Par les soirs bleus d'été, j'irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l'herbe menue :
Rêveur, j'en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien :
Mais l'amour infini me montera dans l'âme,
Et j'irai loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la Nature, - heureux comme avec une femme.

28/3/18

La primera palabra


Ideas verdes incoloras
duermen furiosamente
las alas de libélula se agitan
capullos rompen sus carcasas
imágenes rebalsan el cerebro
caen botes y ramas secas
adentro de sus fauces
se enciende una canica
ese aliento resuena
y se expande por el espacio

28/2/18

La piñata

            Llegué al cumpleaños un poco tarde, y mientras buscaba entre los sanguchitos de miga que habían quedado y me acomodaba, anunciaron la piñata. Tuve que acercarme a ver el rito porque quien cumplía años era mi hijo, un pequeño batman de poliéster con el pelo pegado a la frente por la transpiración. Sostuve el cubo lleno de dulces –las piñatas ya no son globos grandes, sino una caja de cartón envuelta en papel de batman de donde sale un piolín que al tirarlo descarga su panza de caramelos. Hechas las fotos de ocasión, y con mi pequeño batman ya demasiado ansioso, le permití tirar del piolín, un momento crucial. La caja piñata se despanzurró en golosinas y papeles de colores. Inmediatamente todos los niños allí reunidos comenzaron a juntar lo que podían en una lucha desigual: algunos eran más grandes y tenían más fuerza y experiencia y bolsillos, una niña llevaba una bolsa para acumular su botín, un niño que apenas gateaba era asistido por su mamá para lograr algo. Mi pequeño batman, pasado el primer estupor de ser el maestro de ceremonias, se agachó y apenas pudo agarrar algunos caramelos en sus pequeñas manos que enseguida se colmaron y no le permitieron seguir con la alocada búsqueda que todavía duró un rato entre forcejeos y rastrillajes bajo los pies de los menos hábiles. Una maravilla presenciar ese rito donde la civilidad está en suspenso y se parece mucho a la civilidad en suspenso de toda la infancia y la vida adulta. Mi hijo lloraba y no podía creer que siendo su cumpleaños resultara tan desfavorecido. Yo no podía decirle lo que pensaba, que los caramelos no se merecen, sino que se agarran. Entonces mi hermana comenzó a quejarse en voz alta de la injusticia, de la desigualdad de condiciones entre niños de distinta edad y fuerza. Tampoco le pude decir a mi hermana lo que pensaba, que nunca hay igualdad de fuerza. Entonces traté de consolarla diciendo que era sólo un juego. Pero es un juego horrible. Un juego donde aprenden a buscar y ceder y aceptar y lamentar. Mientras me demoraba con mi hermana, le tuve que decir que se dejara de planteos, que quien necesitaba consuelo era mi batman, no ella. Entonces vi que mi pequeño ya no lloraba a los gritos porque algunas madres caritativas, sacando del botín de sus propios hijos, ahora lo colmaban de dulces y mi hijo todavía respiraba entrecortado porque la emoción le duraba o porque todavía tenía que representar el papel del batman ofendido. Hasta el Minion amarillo –hijo del vecino- se presentó voluntariamente a compartir su valiosa pesca. Bien por el minion. Entonces vi que el juego de la piñata todavía seguía y que mi batman tenía sus recursos para hacerse un tesoro de golosinas incluso después de la batalla. Después vi a mi hija, un pequeño marcianito –por la cara digo, no es que ella estuviera también disfrazada- totalmente feliz con un solo caramelo que había capturado y que no podía abrir. Claro, ella es muy chica todavía y le falta todavía aprender estrategias para agarrar caramelos y le falta convencerse de la importancia de agarrar muchos.

            Después vino la torta y las fotos y enseguida batman volvió con su bicicleta nueva y fui a ver cómo pedaleaba y le pregunté si estaba contento y si le gustaba el regalo y el cumpleaños y dijo que sí, estaba contento, que le gustaba mucho la bicicleta, pero que el minion le dijo que el cumpleaños era un poco aburrido. Maldito minion, qué maldad. Me hizo reír un poco, me lo imaginé diciéndole en el momento justo a batman que el cumpleaños era aburrido. Le dije a mi hijo que eso no tenía importancia. No sé si habrá aprendido algo de la piñata o de la maldad de los niños. Yo aprendí que si llegás tarde, los sanguchitos de miga se terminan o se secan. Y tengo algunas fotos también. No sé lo que será en el futuro, pero hoy fue batman.

25/1/18

Tenazas en un plato

apenas terminé
el estómago se llenó de gas
y me inflé como muñeco
las entrañas rugieron
un viento hizo temblar
esófago, esternón y tráquea
y pensé en el vapor
crustáceo fantasmal
“La carta para el postre, por favor” 

29/12/17

Aserrín

yo tenía una casa
de madera, sin cerco
con algunas plantas
y una huerta y una pluma

mis hermanos eran vecinos.
y siempre nos mudábamos
los vecinos, mis hermanos
siempre de un lado al otro

un día Otros trajeron
un gran rollo de papel
tirado por caballos
y desplegaron un país rechoncho,
pesado como el plomo
liviano como las ideas
un mar de tierra sobre tierra
una línea punteada sobre el piso

y nuestras vidas ocultaron
y nuestras vidas suspendieron
y nuestras vidas

disimularon el deseo y
vistieron los caballos
desvistieron a las mujeres
desnudaron a los desnudos
ataron a los desatados

Prendieron fuego nuestras casas
Inundaron nuestros cuerpos
de aserrín.

y de polvo rellenaron los bolsillos