28/3/11

Cambio de hábitos

Hace poco fui a cenar a lo de Ludmila y Héctor. A ella la conozco de los últimos años de la carrera de Sociología. Nos hicimos compinches cuando volvió a hablar con varones, después de unos dos o tres años en el grupo más radical de las feministas de la Facultad. Sucede que la mujer de la que estaba enamorada le rompió el corazón. Por supuesto, con una militante más joven. Su mente, por su parte, sacó la siguiente ecuación: no solo todos los hombres son iguales, sino también las mujeres. Y dada la dicotomía entre no hablar con nadie –ni consigo misma, llevado a su extremo– o volver a hablar con el sexo estúpido, optó por lo último. Y entonces me conoció a mí.
A Héctor, en cambio, lo vi por primera vez el otro día. Fue así: me llamó Ludmila a la biblioteca –en general no cambio de trabajo–, me dijo che, loco, hace una bocha que no nos vemos, y me invitó a cenar. Hace cuatro meses se mudaron. El departamento es mínimo, pero no desagradable. Héctor es un caso especial: trabaja en una oficina claustrofóbica, lee como un elefante, es meticuloso hasta la enfermedad, muy suave al hablar, y como hobby escribe historias sexuales con zombis.
Comimos distintos tipos de hojas pero fue encantador. Ella con su ímpetu arrollador, él calmo como una serpiente, los dos bobos de enamorados. Cuando volvía a mi casa el capullo de una idea me preguntó qué hubiera sido de nuestras vidas si nuestros veinte años hubieran resultado definitorios.

3 comentarios:

E. P. dijo...

La ecuación sacada, quizá propicia como muestra de la imaginaria pasión, exhibe tal vez la función que viene la imagen a cubrir, la de esa otra ecuación simbólica, que es la propia de aquella relación al significante phi que espera, según Freud, a la que tras su novela particular da con su destino de mujer, al cual se vió llevada -podría decirse para este personaje, dada la indicación presente en el texto- tras el pretexto mendaz de escabullir del otro sexo, y cuya definición puede llegar a encontrarse incluso mucho mas atrás en la vida, si bien sin grandes ruidos.

A lo sumo podría pensarse como hipótesis.

Un saludo!

Torri dijo...

¡Buenísimo, gracias, nunca pensé que podía ser tan profundo!

Un abrazo, Torri

PD: debo consultar con el tribunal en pleno la movida de linkear y eso, pero ¡qué serio viene ese blog eh! ¡Impresionante! Ya leeré con el necesario detenimiento... Un abrazo más. Ahora sí, nos vemos.

Anónimo dijo...

Ya está, te puse de prepo en la columna de la derecha, entre otros sitios memorables